
A principios del siglo XX, Markovich Lisitzki, más conocido como El Lissitzky (pintor, tipógrafo, diseñador, ingeniero y arquitecto, pionero de la vanguardia en Rusia con filiaciones con el Suprematismo de Malevich y el Constructivismo de Rodchenko), terminó por darse cuenta de que su manera de trabajar en el mundo del arte era montando exposiciones. Lissitzky llegó al arte abstracto bajo la influencia de las ideas suprematistas de Malevich, aunque pronto las abandonó por considerarlas excesivamente místicas. Su afán por integrar la pintura y la arquitectura le llevó hacia 1919 a crear los primeros PROUN, un tipo de obra que constituye su aportación principal al mundo del arte. La palabra ‘proun’, sin significado aparente, hace referencia a las siglas de “proyecto para la afirmación de lo nuevo” (en ruso) y Lissitzky la definía como un «intercambio entre la pintura y la arquitectura», como «una estación en el camino de la construcción de un nueva configuración (Gestaltung) que surge de una tierra abonada por los cadáveres de los cuadros y de sus artistas». Los PROUN son composiciones de tipo geométrico, sobrias, con acusados efectos espaciales y arquitectónicos en las que se han abolido todas las leyes tradicionales de la perspectiva, buscando los máximos ángulos de visión: «Proun deja de ser cuadro, y se convierte en edificio que ha de mirarse (girando a su alrededor) desde todos los ángulos». Por esta vía, Lissitzky abandonará la práctica de la pintura abstracta para desarrollar a partir de entonces una vertiente más experimental, estética e ideológicamente, de la que surgirán propuestas como su Gabinete de Arte Abstracto de Hannover.
El Lissitzky —que en 1923 ya había colaborado en Hannover con Kurt Schwitters y la Bauhaus— regresa a la ciudad alemana desarrollando una interesante actividad creativa entre 1925 y 1928, concibiendo entre otros el montaje de una sala del Landesmuseum de Hannover en 1927. La sala, diseñada en colaboración con el director del museo, Alexander Dorner, se llamó „Kabinett der Abstrakten“ y mostraba los desarrollos más representativos del arte del momento; obras de Picasso, Léger, Schwitters, Mondrian o el propio Lissitzky, contrastaban con la rígida arquitectura y sus acentos cromáticos. Inaugurada en 1928, se convertiría pronto, para Alfred H. Barr —quien al año siguiente sería nombrado primer director del MoMA— en «probablemente la sala más famosa de arte del siglo XX en el mundo». Así, el Kabinett se convirtió en un referente seguro que contribuyó a modificar la manera de pensar y montar exposiciones por parte de los profesionales de todo el mundo, jugando un papel importante para reivindicar los logros de la abstracción de principios de siglo (incluidos los nuevos diseños de mobiliario). Cerrado al público poco después por el régimen nazi, fue desmantelado en 1936 y sus obras confiscadas para incluirlas en la famosa exposición Entartete Kunst (Arte degenerado) de 1937, siendo después destruidas (¿?). El Kabinett fue reconstruido en 1968 siguiendo los diseños originales para el espacio, aunque con obras distintas a las originalmente dispuestas por Lissitzky, y trasladado e instalado definitivamente en el Sprengel Museum de Hannover en 1979.
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